Empoderarse es confiar en las capacidades y habilidades propias, pararse sobre los propios pies y mantenerse erguida ante lo conocido, lo bueno, lo estable, lo desconocido, lo malo o lo variable.

Tener control del universo propio, ser dueña del tiempo, del orden, de la libertad, de la paz, y ama de las emociones que aunque conocidas, son siempre difíciles de gestionar.

Saber que fuera del ser y del espacio propio, nada es como queremos, y entonces trabajar la tolerancia y la amplitud.

Sostenerse a pesar de la mirada crítica o la opinión de los demás sin afectarse ni dedicarse al análisis del otro, porque examinar lo ajeno, distrae, debilita y vacía.

El empoderamiento requiere ¨no abandonarse¨, inclusive ante la falta de atención, aprobación o reconocimiento.

Invita a reconocer cuales son los asuntos propios, cuales son los asuntos del otro y cuales son los asuntos de la vida, porque en la identificación de estos asuntos está el buen funcionamiento.

Exige hacer un pacto de confianza consigo misma y no fallarse. Saber estar quebrada, sola, resistir la carga, apapachar las debilidades sujetándose a las fortalezas, reconocer el miedo y enfrentarlo.

Es preciso ser todas las parte de un equipo de alto rendimiento, dar lo mejor de sí y llegar al objetivo.

Esto resulta de un proceso responsable por lo que es preciso tomar conciencia, llamarse al orden, estar presente, mirarse, darse cuenta, accionar; cambiar lo que no gusta, lo que no aporta, lo que no hace bien, y transitar en equilibrio, enfocada en la evolución y el crecimiento de una nueva mujer en pos de nuevos resultados.

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